El fútbol internacional volvió a rendirse ante la figura de Heung-Min Son. Tras el encuentro disputado entre Los Ángeles y el Real España de Honduras, el estadio fue testigo de una escena poco común en el deporte de élite. Lejos de la rivalidad deportiva, los futbolistas y el cuerpo técnico del equipo hondureño se acercaron al surcoreano con una mezcla de admiración y respeto. La respuesta de «Sonaldo» fue, como siempre, una lección de caballerosidad.
Más que fotos, una muestra de respeto
Al finalizar el compromiso, Son no solo aceptó las peticiones de fotografías de sus colegas hondureños, sino que dedicó tiempo a charlar con ellos, repartiendo abrazos y sonrisas de forma genuina. Este comportamiento refuerza la imagen de un jugador que entiende su rol como referente global. Ya en el encuentro de ida, Son había dado muestras de su calidad humana al aplaudir a la hinchada de Honduras, agradeciendo el cálido recibimiento y el apoyo brindado durante su estancia en Centroamérica.
El legado de la humildad
Para el Real España, enfrentarse a una figura de la talla de Son fue un hito, pero su calidez humana lo hizo inolvidable. En una época donde las estrellas suelen estar blindadas por protocolos y distancias, Heung-Min Son rompe todas las barreras. Su paso por esta eliminatoria deja claro que, para ser un «crack» total, hay que ser tan grande dentro de la cancha como fuera de ella. El fútbol centroamericano se lleva una foto, pero sobre todo, el recuerdo de un deportista ejemplar.
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