Cuando ganar ya no basta
El mediodía madrileño ofreció una de esas funciones que, aunque termine en victoria, deja un sabor a derrota. El Real Madrid venció 3-2 al Celta de Vigo en la jornada 34 de LaLiga, con goles de Arda Güler y Kylian Mbappé, pero su sombra más inquietante no se movió del campo: un equipo desconectado, con fisuras mentales y gestos de rendición mientras aún tenía ventaja.

El Santiago Bernabéu terminó pidiendo la hora. Y no por emoción, sino por angustia. Ni siquiera el marcador favorable pudo silenciar los murmullos que bajaban de las gradas, ni los gritos de un Carlo Ancelotti visiblemente frustrado con la actitud de sus jugadores.

Fue una tarde de contrastes. Por un lado, el talento desbordante de Arda Güler, que abrió la lata con un zurdazo quirúrgico y guió con ideas frescas y altruismo. Por otro, Mbappé selló con dos goles una actuación letal. Y sin embargo, el Madrid terminó al borde del abismo.

Porque este equipo, incluso cuando gana, parece perder algo más valioso: la confianza. El 2-0 llegó en una jugada tan simbólica como inquietante. Jude Bellingham, frustrado por no robar un balón en la frontal, se quedó parado en vez de ayudar a sus compañeros. Irónicamente, fue ese mismo desinterés el que lo dejó en posición perfecta para asistir a Mbappé. Un síntoma de la dualidad: talento que resuelve, pero actitud que preocupa.

El Celta, valiente y fiel a su estilo, llegó tarde al premio, pero lo hizo con convicción. Los cambios de Claudio Giráldez, el ingreso de Iago Aspas y la presión alta terminaron por desnudar al Madrid. Javi Rodríguez y Swedberg marcaron dos goles que pusieron el corazón blanco al borde del colapso. Un tercer tanto del sueco estuvo a punto de firmar la remontada, pero Courtois —otra vez él— lo impidió.

El marcador final (3-2) no oculta lo evidente: hay una desconexión emocional en el vestuario. Una falta de hambre que amenaza con hacer implosión justo antes del Clásico en Montjuïc, donde el margen de error será inexistente.

El Madrid puede seguir sumando puntos, pero si no reconstruye su alma competitiva, su caída podría ser tan estrepitosa como inesperada. La Liga aún no está perdida, pero el verdadero partido se juega en la cabeza.

Por Nayib MF

Mtro. Comunicación y Periodismo Deportivo