En una noche que pasará a la historia, el FC Barcelona venció 4-3 al Real Madrid en un Clásico de locura, redefiniendo una vez más los límites del fútbol español. De la mano de un Flick imperial y un Ferran Torres en modo arquitecto, el conjunto azulgrana reaccionó a un 0-2 adverso para consumar una remontada de película en apenas 45 minutos.
El Real Madrid golpeó primero. En apenas 14 minutos, el marcador ya reflejaba un 0-2 letal, con Kylian Mbappé liderando el ataque merengue en una de sus noches más descomunales: firmó un hat trick en su primer Clásico ‘grande’. Pero su recital, por momentos incontrolable, acabó ahogado por un Barça colosal.
Porque el alma de este Barcelona es otra. A pesar del desgaste físico acumulado, el equipo catalán sacó el espíritu de campeón: un cabezazo de Eric García encendió la mecha, el talento letal de Raphinha hizo el resto, y Ferran Torres firmó tres asistencias en una primera parte que terminó 4-2 a favor del Barça. Un huracán.
¡Gol del Barcelona! ⚽️ Lucas Vázquez pierde el esférico y Raphinha combina con Ferram Torres para marcar otro tanto
— Nayib MF (@NayibMF) May 11, 2025
Barça 4-2 Real Madrid #ElClásico #BarcelonaRealMadrid pic.twitter.com/m68g2kEWZY
El Estadio Olímpico, casa prestada, testigo de gloria. Allí, el equipo de Flick ya rozó el título y celebró como si ya fuese suyo. Solo falta la firma oficial, pero el aroma a campeón lo impregnó todo.
En el segundo tiempo, la gasolina empezó a escasear. El Real Madrid, herido pero orgulloso, empujó hasta el final. Mbappé firmó su tercer gol de la noche, asistido por Vinicius en una de sus únicas acciones claras. Valverde, cojeando pero inquebrantable, sostuvo al equipo blanco como un gigante silencioso.
El debutante Víctor Muñoz tuvo el empate en sus botas. En el último suspiro. Pero su remate, nervioso, se marchó alto. Y la esperanza blanca se desvaneció.
El resultado (4-3) es mucho más que un marcador: es el reflejo de un posible cambio de era. Flick ha ganado los cuatro Clásicos de la temporada. El Barça ha sido superior en regularidad, intensidad y valentía. Ancelotti, pese a su legado glorioso, parece ver el telón bajando sobre su etapa en el banquillo blanco.
Y aunque el título aún no es oficial, en Barcelona ya se huele a fiesta. Porque este Clásico, el más salvaje de todos, fue mucho más que tres puntos: fue una declaración de poder.
