El Madrid gana, pero no convence

El ambiente en Chamartín fue irrespirable desde el primer tiempo. El Madrid firmó 45 minutos desoladores, superado en actitud y claridad por un Levante que amenazó con dar el golpe. Los pitos bajaron desde la grada y, al descanso, incluso se escucharon gritos pidiendo la dimisión del presidente, acallados solo por la megafonía del estadio.

Señalados y desconectados

Vinicius, Bellingham, Camavinga y Huijsen fueron los principales focos del enfado. Especialmente duro fue el juicio sobre el brasileño, pitado durante todo el partido. Empezó sin determinación, apareció cuando el encuentro ya estaba cuesta abajo y nunca logró reconciliarse con su gente. El Bernabéu, que antes le adoraba, ahora no le perdona una.

Güler, Mbappé y la solución desde la cantera

El punto de inflexión llegó con Arda Güler. El turco recuperó su sociedad con Mbappé y activó al equipo en el tramo decisivo. De sus botas nació la jugada que sentenció el partido, asistiendo a Asencio, símbolo de una cantera que entiende la exigencia del club y el enfado de la grada. El central pasó de los pitos a una ovación cerrada al ser sustituido.

Traducción:El Bernabéu pitó, pero el Real Madrid remontó
El Bernabéu pitó, pero el Real Madrid remontó

Vinicius y un divorcio abierto

El final dejó una imagen incómoda. Vinicius, tras fallar una ocasión clara, respondió a los pitos con aplausos hacia la grada. Un gesto ambiguo, difícil de interpretar. Ni el perdón llegó ni el entendimiento parece cercano. El brasileño tiene la llave para revertir la situación, pero el mensaje es claro: el Real Madrid está por encima de cualquier futbolista.


Cierre del Madrid

El Madrid sacó adelante un partido que apuntaba al desastre deportivo y al divorcio emocional con su afición. Ganó, sí, pero dejó señales de alarma. Porque cuando el Bernabéu señala, rara vez se equivoca.