El Real Oviedo volvió a ganar. Cuatro meses después. En un día clave. En uno de esos partidos que no se recuerdan por el brillo, sino por lo que significan. Y como tantas veces en su historia reciente, el equipo azul encontró respuestas en lo emocional cuando el fútbol no alcanzaba.
La victoria por 1-0 ante el Girona no se explica sin Santi Cazorla. No solo por su asistencia decisiva, sino por todo lo que provocó desde el momento en que se levantó del banquillo. En el campo y, sobre todo, en la grada.
Un primer tiempo dominado por el miedo
La primera parte del Real Oviedo fue pobre. Plana. Conservadora. Más pendiente de no equivocarse que de sumar los puntos que necesita desesperadamente para salir del fondo de la tabla. El Girona, sin alardes, se sintió cómodo. Tocó más, controló el ritmo y dio sensación de equipo más hecho.
Los de Almada apenas inquietaron. De hecho, el primer disparo a puerta no llegó hasta el minuto 44, una cifra que resume a la perfección el atasco ofensivo del Oviedo y su falta de ambición inicial.
La entrada de Cazorla lo cambió todo
La segunda parte fue otra historia. No tanto por una mejora futbolística clara, sino por un cambio anímico radical. La entrada de Santi Cazorla convirtió el Carlos Tartiere en una caldera y trasladó esa fe al césped.
Santi ya no está para sostener al equipo sin balón ni para ritmos altos durante 90 minutos. Pero sigue siendo diferencial donde importa. En el último tercio. En la toma de decisiones. En entender el juego antes que nadie.
Así llegó el 1-0. Cazorla leyó la jugada, filtró el balón a Javi López y el centro encontró ventaja. No fue una acción espectacular, pero sí una acción de futbolista grande. De los que saben cuándo y cómo.
Si inicia la jugada Santi Cazorla… el Carlos Tartiere late diferente 💙
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Un Real Oviedo incómodo y un Girona que se diluyó
Con Cazorla en el campo, el Real Oviedo creyó. Los cambios ayudaron. Thiago dio profundidad por banda y el equipo, sin necesidad de brillar, se convirtió en ese rival incómodo que el Tartiere exige.
El Girona, en cambio, se fue apagando. Ni la entrada de Echeverri cambió el guion. Bryan Gil, el más desequilibrante del primer tiempo, fue sustituido en una decisión llamativa. El conjunto de Míchel había merecido más antes del descanso, pero en la segunda parte no encontró ni fútbol ni ocasiones.
Un triunfo que vale más que tres puntos
Cuatro meses después, el Real Oviedo vuelve a celebrar una victoria. No ganaba desde el 30 de septiembre, cuando sorprendió al Valencia en Mestalla. Quince partidos después, entre Liga y Copa, el equipo vuelve a creer.
No es una salvación. No es un cambio de tendencia definitivo. Pero es una señal. Y a estas alturas de la temporada, las señales también puntúan.
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📊 Claves del partido
- No ganaba desde septiembre: el Real Oviedo rompió una racha de 15 partidos sin victoria.
- Primer tiro a puerta en el 44’: reflejo de una primera parte espesa y sin colmillo.
- Girona, sin marcar tras más de un mes: el equipo de Míchel se quedó a cero después de cuatro partidos consecutivos viendo portería.