El clásico de Merseyside volvió a teñirse de rojo. En un Anfield vibrante, donde la pasión nunca descansa, el Liverpool de Arne Slot mostró desde los primeros minutos su ambición por seguir marcando territorio en la Premier League.
El inicio fue un golpe directo al corazón del Everton. Apenas al minuto 10, Ryan Gravenberch, con la serenidad de un veterano, conectó un disparo cruzado tras la asistencia de Mohamed Salah. Jordan Pickford apenas pudo observar cómo el balón se elevaba y caía dentro de su arco. Un gol que encendió la grada y dictó el rumbo del partido.
La presión no cesó. El Liverpool tejía posesiones largas, llenas de clase y convicción. Fue al minuto 29 cuando Hugo Ekitike, en una muestra de potencia y precisión, amplió la ventaja con un derechazo cruzado. Anfield Rugía.
¡Gol del Liverpool! ⚽️🔥 Hugo Ekitiké pone el segundo tanto con un disparo cruzado.
— Nayib MF (@NayibMF) September 20, 2025
Se amplía la ventaja para los reds #PremierLeague pic.twitter.com/vgFY3xl0Q3
Pero el fútbol, como recuerda David Moyes en cada uno de sus discursos, no se gana solo con control. El Everton salió del vestidor con otro rostro: firme, desafiante. Idrissa Gueye recortó distancias con un golazo que silenció por segundos al estadio. Jack Grealish, convertido en líder de los visitantes, complicó cada avance por la banda y puso a prueba a Conor Bradley.
Los cambios de Slot no dieron la chispa esperada. Florian Wirtz volvió a quedar a deber; Alexander Isak pasó desapercibido. Incluso la salida de Alexis Mac Allister debilitó la médula del mediocampo red, y Curtis Jones perdió claridad.
Al final, el marcador no se movió más. El Liverpool venció 2-1, se mantuvo invicto y reforzó su posición en la tabla. No obstante, la conclusión es clara: con el talento que tiene la plantilla, Slot está obligado a corregir errores defensivos y evitar que la superioridad se transforme en sufrimiento innecesario.
El Everton, por su parte, resistió y luchó, pero se quedó corto. El clásico fue suyo en espíritu, pero no en resultado. Como tantas veces en Merseyside, la gloria quedó en Anfield.
