La Roma de Gian Piero Gasperini confirmó en Glasgow que su crecimiento no es casualidad. El 0-3 al Celtic —un resultado que incluso se quedó corto— consolidó otra noche convincente en Europa y colocó a los giallorossi en una décima posición que les permite mirar con ambición hacia las ocho plazas que dan acceso directo a octavos.
Un arranque dominante
El equipo italiano resolvió el partido en un primer tiempo de autoridad total.
La jugada que abrió el marcador lo dijo todo: córner ejecutado por Matías Soulé y un testarazo inapelable de Mancini que Scales terminó desviando a su propia portería.

A partir de ahí, la Roma manejó el ritmo sin fisuras.
Ferguson, decisivo
Evan Ferguson firmó un doblete en apenas diez minutos (36’ y 45+3’) que dinamitó por completo cualquier intento de reacción local. Incluso hubo margen para un capítulo clave en el guion: el penalti fallado por Arne Engels justo antes del descanso que pudo haber cambiado la dinámica del encuentro.

El Celtic no encontró respuestas
Wilfried Nancy intentó revolucionar el choque con tres cambios al volver de vestuarios, pero la Roma mantuvo el control, administró la ventaja y dejó la sensación de que el 0-3 se quedó corto para lo que se vio en el césped.
