La noche en el Giuseppe Meazza dejó algo más que un 3-2 en contra para la Juventus. Dejó un mensaje institucional contundente. Un grito contenido que no salió desde el vestuario, sino desde la cúpula del club.

La expulsión de Pierre Kalulu en el minuto 42, tras una acción con Alessandro Bastoni, marcó el rumbo del partido frente al Inter de Milán. Y también detonó una protesta sin precedentes inmediatos: ningún jugador ni miembro del cuerpo técnico compareció ante los medios.

Una roja que encendió todo

El colegiado Federico La Penna mostró la segunda amarilla a Kalulu por una acción que en Turín consideran un “piscinazo”. El VAR no intervino. La Juventus quedó con diez antes del descanso y, pese a lograr el empate en el 83, terminó encajando el definitivo 3-2 en el 90.

Durante el descanso, se produjo un tenso intercambio en el túnel de vestuarios entre la directiva juventina y el árbitro. El malestar no era puntual; era estructural.

Chiellini y Comolli, voz institucional

Quienes dieron la cara fueron Giorgio Chiellini, actual director de estrategia, y Damian Comolli, director general del club.

“Lo que ha sucedido es inaceptable. Estamos aquí y no el entrenador por esto mismo”, expresó Chiellini en declaraciones a DAZN. El excentral habló de un protocolo que “no funciona” y de un sistema que ha llegado “a un punto de no retorno”.

Comolli reforzó el mensaje: “Ha sido una injusticia total. La Juve ha perdido tres puntos, pero el fútbol italiano mucho más”.

La decisión de silenciar al vestuario fue deliberada. Un gesto político. Una protesta simbólica que traslada el debate arbitral desde el césped a los despachos.


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Por Nayib MF

Mtro. Comunicación y Periodismo Deportivo

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