En el fútbol, a veces la gloria dura lo que un penalti mal cobrado. La historia fue cruel con España, que rozó un nuevo título con la yema de los dedos… y terminó llorando entre los brazos de consuelo. Portugal, resiliente, astuto y con el colmillo afilado de sus estrellas, le arrebató a ‘La Roja’ la Nations League en una final que tuvo de todo: drama, calidad, giros inesperados y un verdugo llamado Morata.
Había una atmósfera de «inevitabilidad» en el juego de España. Dos años invicta en partidos oficiales, favorita indiscutible y con una generación que empezaba a dibujar su propio legado. La final pintaba perfecta: un primer tiempo dominante, posesión, presión alta, y un gol de Zubimendi que puso el 0-1 tras una jugada coral. Luego, Oyarzabal, con ese don de aparecer en momentos clave, puso el 1-2 antes del descanso. Todo parecía controlado.
Pero Roberto Martínez movió las piezas, cambió el guion, y Portugal resurgió como solo los grandes lo hacen. Con Nuno Mendes volando por la banda y Cristiano Ronaldo, veterano de mil batallas, marcando en su única ocasión clara, el empate fue inevitable. España se desdibujó. Y cuando llegaron los penaltis, el azar se tiñó de verde.
¡Gol de Cristiano Ronaldo! ⚽️🇵🇹
— Nayib MF (@NayibMF) June 8, 2025
Bien aprovechada tras una buena jugada de Nuno Mendes. El balón le llega tras un rebote defensivo.
¡Cae el 2-2! #NationsLeague • #Portugal • #PORESP pic.twitter.com/cvdjiXlRwD
Morata, el mismo que tantas veces había callado bocas, esta vez falló. Y lo pagó con lágrimas. Portugal no perdonó. La cada de la moneda le volvió la espalda a los De la Fuente, como si el destino les recordara que no siempre se gana. Que para volver a reinar, hay que volver a caer.
Se esfuma así el sueño del triplete. Pero en esa caída hay semilla: la del aprendizaje. Como la que un día, en 2009, sufrieron Xavi, Iniesta y compañía antes de hacer historia. Quizás, este sea el inicio de algo más grande.
