Había una vez un equipo que soñó con desafiar a los gigantes de Europa. El Brest, debutante en la Champions, se aferró a la ilusión de hacer historia ante un Paris Saint-Germain que, tras años de fracasos continentales, busca resurgir sin Kylian Mbappé. Pero en la noche bretona, el cuento no tuvo final feliz.

Ousmane Dembélé, ese jugador capaz de lo imposible y lo impredecible, decidió que sería su noche. Desde el primer minuto, el extremo francés se convirtió en un vendaval. Primero, provocó un penalti que Vitinha convirtió en el 0-1. Luego, justo antes del descanso, ejecutó una obra maestra: una jugada individual, un disparo inesperado y el golpe letal que apagó la esperanza local. Finalmente, en el 66’, selló su doblete y puso el 0-3 definitivo.

El Brest, que tuvo chispazos de peligro con un cabezazo de Kenny Lala al palo y algunas llegadas de Ajorque, descubrió de la peor manera lo que significa enfrentarse a un equipo con colmillo europeo. PSG manejó el partido con la calma de quien ha aprendido de sus errores. Con esta victoria, suma 16 partidos sin perder y pone un pie en octavos.

El duelo de vuelta en el Parque de los Príncipes luce como una montaña imposible de escalar para el modesto equipo bretón. Quizá su historia en la Champions termine aquí, pero en su primera aventura continental, ha demostrado que puede codearse con los grandes. Mientras tanto, en París, Dembélé sigue escribiendo su propio relato, uno que podría cambiar el destino del PSG.

Por Nayib MF

Mtro. Comunicación y Periodismo Deportivo