El Barcelona se ha quitado el disfraz de proyecto en construcción para ponerse el de candidato absoluto a la Champions.
En una noche que recordó a las mejores funciones europeas del club, el equipo de Hansi Flick arrolló al Borussia Dortmund con un 4-0 que tiene aroma a sentencia definitiva. Más que un triunfo, fue una exhibición. No una obra de arte desde lo estético, pero sí una tormenta perfecta de poder, velocidad y determinación. Y todo bajo la batuta de un tridente que está marcando la pauta del fútbol continental.
Raphinha, el renacido. Lewandowski, el veterano implacable. Lamine Yamal, el niño prodigio.
Esos tres nombres son los que Europa ya memoriza con respeto. Raphinha se ha convertido en el máximo goleador (12) y asistente (7) de esta edición de Champions. Un dato que no se registraba desde los días de Leo Messi. El brasileño no solo suma, sino que lidera, ejecuta y asiste. Su partido ante el Dortmund fue un monumento a la revancha. De estar cuestionado por rumores de reemplazo, a ser el foco de un equipo que brilla cuando su camiseta lleva el parche de la Champions.
Lewandowski, en su enésima resurrección, firmó un doblete que confirma su idilio con el gol y su capacidad para aparecer cuando más se necesita. Lo hizo ante su ex equipo, al que ya le ha marcado 29 goles en 28 partidos. No hay ley del ex. Hay ley de Lewandowski.
Y Lamine Yamal… aún menor de edad, ya juega como si cargara una década en la élite. Desbordó, asistió y coronó su partido con un gol. Bensebaini, su marcador, acabó buscando analgésicos y respuestas. La joya del Barça no solo enamora, sino que castiga.
La eliminatoria parece definida. El Barça se ha ganado el derecho de soñar. Porque si la Champions es una cadena, el equipo de Flick ha demostrado tener todos los eslabones en su sitio.
Europa, atenta. El Barça no solo está de vuelta. Quiere recuperar su trono.