En las entradas del Guiseppe Meazza, el silencio previo a la tormenta se mezcla con la tensión de una historia que el Barça lleva casi una década queriendo reescribir. Desde aquella mágica noche en Berlín 2015, el escudo blaugrana no ha vuelto a acariciar la final de la Champions League. Pero este martes, Hansi Flick y sus muchachos tienen la pluma en mano y 90 minutos para escribir un nuevo capítulo.
Frente a ellos, el Inter. Rocoso, eficaz, con cicatrices recientes que han reforzado su espíritu competitivo. La ida fue un aviso: el equipo italiano aprovechó errores, dominó a balón parado y dejó claro que quiere estar en casa para la gran final, el mismísimo Allianz Arena. Pero Flick, con la calma de la experiencia, no se inmuta: «Lo importante es disfrutar este momento. Jugar este tipo de partidos ya es una victoria».
🎙️ HANSI FLICK: "When we started the season, nobody had any idea what we'd achieve up to now…We want to enjoy playing football and we want the fans to enjoy it."#InterBarça @ChampionsLeague pic.twitter.com/z5aSZuKSOk
— FC Barcelona (@FCBarcelona) May 5, 2025
Sin Lewandowski de inicio —aunque viajó y podría tener minutos—, todas las miradas posan en la joya adolescente: Lamine Yamal. Con solo 17 años, el zurdo volvió a ser diferencial en la ida. «Lo que hace con el balón es incríble», dijo Flick. «Está en el momento adecuado».
Este Barça, que ya presume dos títulos en la temporada, no tiene miedo. Flick lo ha dejado claro: no se trata de presión, sino de demostrar. De enseñar al mundo lo que han construido en meses de trabajo silencioso. Incluso las carencias —como jugar con cuatro centrales por las bajas— se convierten en motivación para un grupo que quiere competir, no sobrevivir.
Dani Olmo, en un guiño a la filosofía de la casa, dijo que los jóvenes se toman estos partidos «como una fiesta». Y Flick no lo niega. De hecho, lo celebra. Porque en este fútbol de élite, solo quienes disfrutan son capaces de brillar sin miedo.
Y si hay algo que este equipo quiere, es brillar. En la ciudad del Duomo, con el ruido de San Siro y el peso de la historia, el Barça se juega algo más que una final. Se juega el renacer de una identidad que parecía olvidada. Se juega, literalmente, volver a ser Barça.
