Montjuïc no respiró. No pudo.

Apenas el reloj marcaba los 30 segundos cuando el Inter de Milán hizo temblar los cimientos del Estadio Olímpico. Un centro de Dumfries, un mal despeje de Koundé, un resbalón de Iñigo Martínez… y entonces apareció Marcus Thuram con un taconazo de fantasía que silenció a los culés. El marcador: 0-1. La semifinal de Champions había arrancado con violencia.

Pero eso era solo el prólogo de una noche que parecía escrita por un guionista de Hollywood.

El 0-2 llegó al 20’, firmado por Dumfries, esta vez con una acrobacia que recordó a las jugadas imposibles del fútbol callejero. El Inter parecía un martillo y el Barça, una víctima. Hasta que despertó.

Lo hizo con el joven que ya empieza a escribir su propia leyenda: Lamine Yamal, con solo 17 años y 291 días, firmó un gol que llevó la firma de Messi: zurda, desborde, magia y red. El más joven en anotar en una semifinal de Champions. Historia pura.

Montjuïc rugió y el Barça olió sangre. Diez minutos después, Pedri, Raphinha y Ferran Torres se combinaron a tres toques para igualar (2-2) en una jugada de playstation. Y aunque la primera parte no necesitaba más, entregó drama con las lesiones de Koundé y Lautaro.w

El segundo acto tampoco decepcionó.

Minuto 62: Dumfries volvió a aparecer. Esta vez de cabeza tras un córner. 2-3. Doblete.
Minuto 64: Raphinha la revienta desde fuera del área, el balón pega en el travesaño, rebota en la espalda de Sommer… ¡Y entra! 3-3. Una locura.

Hubo más: un gol anulado al Inter, un bombazo de Raphinha que obligó a Sommer a volar en el 90’. Pero ya no hubo más goles. Solo el aplauso final para un partidazo que deja el destino abierto. Todo se definirá en San Siro.

Una semifinal que ya es histórica… y aún no termina.

Por Nayib MF

Mtro. Comunicación y Periodismo Deportivo