La vida da giros inesperados, y el Atlético de Madridlo sabe mejor que nadie. Hace apenas una semana, las dudas se cernían sobre el equipo de Diego Pablo Simeone: un arranque de temporada gris, un juego cuestionado y una afición que exigía respuestas. Pero en 72 horas, todo cambió. Goleó en Champions.
Dos partidos, dos goleadas, diez goles a favor. Primero, la histórica ‘manita‘ en el derbi frente al Real Madrid; después, el recital en Champions ante el Eintracht de Frankfurt (5-1). El Metropolitano fue testigo de una noche que sonó a reivindicación, a resurgir de sus cenizas.
Los rojiblancos resolvieron el encuentro muy rápido. Dominio total del balón, presión alta y un ataque implacable. El Atleti se gustó, se sintió fuerte atrás y liberado arriba. El plan de Simeone -aunque sancionado y obligado a vivir el partido desde la grada- salió a la perfección.
Las bandas fueron autopistas de peligro, donde los laterales y extremos encontraron oro puro. El Eitracht apenas disparó dos veces a portería; el resto fue un monólogo madrileño.
Los protagonistas brillaron con luz propia. Antoine Griezmann, ídolo eterno, alcanzó 200 goles como rojiblanco y sumó su tanto 50 e competiciones europeas, según datos de BeSoccer. Julián Álvarez, eléctrico, firmó un gol y dos asistencias que desarmaron a la defensa alemana. Giacomo Raspadori mostró su mejor versión desde que llegó al club, mientras que Giuliano Simeone, incansable, puso su sello en el cuarto tanto.
Antoine Griezmann becomes the first player to score 200 goals for Atlético Madrid 😮🙌 pic.twitter.com/LbbWKm2mq7
— OneFootball (@OneFootball) September 30, 2025
El público vivió un momento especial: la ovación cerrada a Griezmann cuando abandonó el campo. No solo es el máximo goleador histórico del Atlético, también es ya leyenda de la Champions rojiblanca con 39 tantos.
Los números también cuentan la historia: fue el partido número 30 de Simeone en el banquillo con cinco goles o más, y el cuarto de ellos en Champions. El Atleti igualó su récord de diez partidos consecutivos marcando en la competición continental, y volvió a demostrar que cuando conecta, es un equipo imparable.
El árbitro esloveno Slavko Vincic llevó el encuentro sin sobresaltos. Hubo polémicas, como el posible penalti a Collins o el gol anulado a Griezmann por mano, pero el VAR resolvió con justicia.
Del cuestionamiento a la contundencia. Del miedo al rugido. En apenas tres días, el Atlético escribió uno de esos capítulos que parecen sacados de una película. Y quizá sea la mejor definición de este equipo: un club que, cuando parece hundido, siempre encuentra la forma de levantarse.
