En una noche épica en los Juegos de Invierno, Elana Meyers Taylor grabó su nombre en los libros de historia. A sus 41 años y 130 días, la estadounidense conquistó la medalla de oro en la prueba de monobob, superando por apenas cuatro décimas a su competidora más cercana. Este triunfo no solo representa su quinta medalla olímpica, sino que la consagra como la campeona individual más veterana de la historia de los Juegos de Invierno, superando desafíos tecnológicos y físicos.

Maternidad sin fronteras en el alto rendimiento

Detrás del trineo y la velocidad, la vida de Elana es un ejemplo de logística y amor incondicional. Madre de dos niños sordos —Nico y Noah—, uno de ellos con Síndrome de Down, Elana ha transformado el circuito mundial de bobsleigh en su hogar itinerante. Acompañada por su esposo y una niñera, ha gestionado cirugías complejas de implantes cocleares para sus hijos mientras se preparaba para la máxima competición. «Esto era más importante que ir o no a los Juegos», reconoce sobre la salud de sus pequeños, demostrando que sus prioridades siempre han estado claras.

Un legado que trasciende el hielo

Apodada por sus compañeras como la «madre del bobsleigh», Meyers Taylor ha contado con el respaldo inusual pero necesario de la federación de EE. UU., que apoyó su decisión de viajar con sus hijos a todas partes. Su historia es un recordatorio de que los límites suelen ser construcciones externas. Al ganar este oro, Elana no solo celebró un éxito deportivo, sino que validó la posibilidad de conciliar la maternidad de alta complejidad con la excelencia profesional. Para ella, el camino apenas continúa, dejando abierta la puerta a seguir ampliando su familia y su leyenda.


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Por Nayib MF

Mtro. Comunicación y Periodismo Deportivo

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