Chelsea asombra al mundo y aplasta al PSG en la final

El Chelsea firmó una de las noches más memorables de su historia reciente. Con el aura de las grandes gestas y una ejecución táctica que rozó la perfección, los ‘Blues’ desmantelaron al PSG de Luis Enrique con un 3-0 inapelable en la final del Mundial de Clubes.

No fue solo un título. Fue una declaración de intenciones.
Fue fútbol, pero también fue película.

Con un planteamiento quirúrgico ideado por Enzo Maresca —el discípulo de Guardiola que esperó su momento como un sabio paciente—, el conjunto londinense saltó al campo sin miedo. Lejos de resignarse ante la maquinaria parisina que venía de bailar al Real Madrid, Chelsea propuso, ejecutó y dominó.

Cole Palmer, con dos goles y una asistencia, se consagró como el MVP de la noche. Frío como el acero, convirtió cada intervención en una obra de precisión. A sus 23 años, escribió su nombre junto a los grandes. Pero el libreto no fue de un solo actor.

Robert Sánchez, sublime bajo palos, inició ataques con su pie derecho como si fuera un ‘quarterback’.
Moisés Caicedo, omnipresente, borró a Fabián Ruiz del mapa.
Malo Gusto y Cucurella, extremos y escudos, brillaron como nunca.
Pedro, ese joven que venía de la nada, selló la goleada.

Y al frente, Maresca. El arquitecto de esta sinfonía táctica. El hombre que rehabilitó la identidad ganadora del Chelsea tras años de sombras post-Abramovich. Este doblete (Conference + Mundial de Clubes) es más que un dato: es el inicio de algo.

La historia le negó al PSG el ‘sextete’ y en su lugar entregó al mundo el resurgir de un Chelsea joven, talentoso y sin complejos. Ese que humilló al gigante francés y cerró la noche con fútbol y carácter, no con excusas.

Luis Enrique y los suyos terminaron perdidos, desesperados. De estrellas a sombras en 90 minutos.
El Chelsea, en cambio, encontró su luz.

Por Nayib MF

Mtro. Comunicación y Periodismo Deportivo