Una pesadilla en diez minutos: así se esfumó el sueño blanco.
Cuando el fútbol se juega con intensidad y hambre, se nota. Y el PSG lo demostró desde el primer segudo ante un Real Madrid que salió al campo como si aún estuviera soñando. Era una semifinal del Mundial de Clubes que bien podría haber sido una final anticipada, pero en esos primeros compases, solo hubo un equipo sobre el césped.
Minuto 6. Raúl Asencio, uno de los jóvenes que había sorprendido con su irrupción, cometió un error imperdonable dentro del área. Se confió, perdió el control del balón y Dembelé, astuto como siempre, no perdonó. Se la sirvió a Fabián, quien solo tuvo que empujarla. El marcador ya reflejaba el dominio paisino: 1-0.
El segundo golpe fue inmediato. Tres minutos después, Rüdiger quiso jugar con fuego… y se quemó. Falló en el peor lugar y ante el peor rival. El ’10’ del PSG no dudó: robó, corrió, enfrentó a Courtois y definió con frialdad escalofriante. 2-0. En apenas nueve minutos, el gigante blanco tambaleaba.
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— FIFA Club World Cup (@FIFACWC) July 10, 2025
El equipo de Luis Enrique no solo fue más efectivo. Fue más agresivo, más despierto, más equipo. Supo capitalizar cada error del rival como si fueran oportunidades de oro. En el escenario más grande, cuando solo márgenes se reducen, los detalles deciden. Y el Real Madrid los pagó todos.
A pesas de los intentos de reacción, el daño estaba hecho. La semifinal entre dos colosos quedó desequilibrada por errores que no se perdonan a este nivel. Una noche que debía ser épica, se tornó en pesadilla.
El PSG no solo ganó un partido. Impuso respeto, dominó el relato y dejó claro que su hambre de gloria es real.
