El reloj marcaba el minuto 75 en Bérgamo. El Real Madrid, eterno protagonista de noches mágicas en Champions League, parecía tambalearse ante el asedio de una Atalanta desbordante de intensidad y dominio. Con el marcador igualado 1-1 y los aficionados italianos soñando con la gesta, un error minúsculo desató el caos.
En un abrir y cerrar de ojos, todo cambió. Vinicius Jr., siempre con el instinto afilado, aprovechó un rechace suelto fuera del área y, con una precisión quirúrgica, disparó de zurda para sellar el 1-2. La Atalanta, aturdida y sin tiempo para procesar el golpe, no imaginaba que lo peor estaba por llegar. Apenas tres minutos después, Jude Bellingham, el joven prodigio inglés, apareció en el área para rubricar otro tanto. Con su sexto gol en siete partidos, Bellingham confirmó no solo su impacto, sino también que la mística madridista en Europa no se negocia.
La noche se tiñó de blanco, demostrando que el Real Madrid, más allá de las circunstancias, nunca deja de luchar. Este equipo no solo gana partidos; escribe capítulos de una historia que parece no tener fin.