Como si fuera una escena final de una película de época, Kevin de Bruyne ha cerrado su ciclo en Inglaterra para iniciar una nueva travesía en Italia. El Nápoles, campeón de la Serie A en 2023, ha oficializado el fichaje del astro belga hasta 2027 con opción a una temporada adicional. El movimiento no es solo un golpe mediático: es una declaración de intenciones.
Tras una década gloriosa en el Manchester City, donde disputó 422 partidos, marcó 108 goles, regaló 170 asistencias y levantó 18 títulos, De Bruyne pone rumbo a la región de Campania con la carta de libertad. Su firma representa uno de los traspasos más sonados del mercado veraniego. No por la cifra —vino gratis—, sino por el impacto simbólico y deportivo que supone.
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— Lega Serie A (@SerieA) June 12, 2025
La negociación comenzó en abril, cuando el belga anunció su salida del City. Detrás del telón, dos nombres fundamentales: Romelu Lukaku, su compañero en la selección, y Dries Mertens, leyenda napolitana. Ambos convencieron al de Drongen de rechazar propuestas millonarias de la MLS y la Liga Saudí para apostar por un proyecto más futbolero: el del nuevo Nápoles de Antonio Conte.
El técnico italiano, que recientemente renovó, es otro pilar clave. De Bruyne llega a un sistema que lo necesita, que lo potenciará y que buscará exprimir hasta la última gota del talento de un jugador que, pese a las lesiones recientes, sigue siendo uno de los mejores pasadores del planeta.
Con 34 años y un salario de 6 millones netos por campaña, más una prima de fichaje de 10 millones, el belga inicia una etapa que puede ser tan corta como legendaria. En una ciudad donde Maradona aún vive en los muros, De Bruyne buscará dejar su huella con una zurda distinta, pero con el mismo sueño: devolver al Nápoles a la cima.
